La reproducción en los seres vivos, es un fenómeno puramente biológico. No es ni religioso, ni científico, ni ideológico. Solo es parte del mayor imperativo de los seres vivos, que es la perpetuación de su propia especie. Para cumplir con este cometido, la Naturaleza ha provisto de mecanismos, de estratagemas, para que los óvulos y espermatozoides se junten. Pero no cualquier óvulo con cualquier espermatozoide, sino solo aquellos que correspondan a organismos de la misma especie o, bien, a organismos estrechamente emparentados. En principio, juntar óvulos y espermatozoides, sería casi imposible, dado que estos se encuentran en rincones profundos del cuerpo, tanto en las hembras como en los machos. Es bien sabido que para los machos es relativamente fácil liberar los espermatozoides, pero no así para las hembras que, en la mayoría de los casos, conservan sus óvulos dentro del organismo y para que los espermatozoides puedan llegar hasta ellos, el macho requiere de un órgano intromitente, que se introduzca en el cuerpo de la hembra, para que los espermatozoides pueden ser depositados en el lugar más cercano posible donde se encuentran los óvulos. Los espermatozoides, provistos normalmente de una especie de flagelo, de látigo, que le sirve como mecanismo de propulsión en un medio húmedo, deben movilizarse hasta encontrar un óvulo listo para ser fecundado. En este trance, son miles, incluso millones de espermatozoides, en el caso de la especie humana, que deben emprender el tortuoso viaje hasta encontrar el óvulo. De tal manera que solo uno, en la mayoría de los casos, puede acceder al óvulo, fecundarlo e iniciar el proceso de gestión de una nueva vida. Una vida como la suya y como la mía, totalmente distintas una de otra. Un espermatozoide, entre millones, es la diferencia. Cualquier otro espermatozoide, u óvulo, hubiera dado como resultado una persona totalmente diferente. Pero la fecundación no es fácil y para que se dé, debe hacerse mediante la cópula en la que participan dos individuos de sexos diferentes y uno de ellos, normalmente el macho, debe introducir el órgano intromitente dentro de la hembra, lo que convierte la cópula en una actividad muy invasiva. Es penetrar una de las cavidades del otro y eso implica violencia. Y es aquí donde la Naturaleza ha provisto de los mecanismos de aislamiento reproductivo, por un lado, y de mecanismos de acercamiento reproductivo por otro lado. Mecanismos de aislamiento reproductivo. Estos mecanismos tienden a impedir que se junten los óvulos y los espermatozoides. Hay mecanismos de aislamiento pre copulatorios, que tienden a impedir que la cópula se realice. Estos pueden ser anatómicos, de tal manera que los órganos sexuales no sean compatibles, o que el tamaño de los individuos sea tan diferente que es imposible que se dé la cópula; puede ser por comportamiento cuando dos especies son muy similares, pero tienen periodos reproductivos o de celo, en épocas del año distintas, o que tengan comportamientos sexuales diferentes; o bien por barreras geográficas, que impiden que los organismos tengan contacto físico. Cuando se da la cópula, aparecen los mecanismos de aislamiento copulatorios, y estos consisten básicamente, en la incompatibilidad de los espermatozoides y los óvulos. Es así, en los casos de gente que practica la zoofilia, que un perro, por ejemplo, puede copular con una mujer, pero la mujer nunca va a quedar embarazada por la incompatibilidad que existe entre óvulos y espermatozoides, ya sea porque estos no sobreviven al ambiente ácido de los fluidos femeninos o bien porque el óvulo no permite el acceso del espermatozoide, y si lo permitiera las cadenas de ADN son tan diferentes que no podrían reconocerse entre sí, por lo cual no habría fecundación. Por otra parte, si ocurre la fecundación, existe el último mecanismo de aislamiento reproductivo, que es el post copulatorio. Este consiste, básicamente, en que el resultado de la cópula es un individuo híbrido y, por lo tanto, estéril, incapaz de dar descendencia. Este es el caso de la fecundación que ocurre entre una llegua y un burro, que da como resultado una mula y las mulas son estériles. Mecanismos de comportamiento reproductivo. La reproducción es el resultado de la cópula, pero para que esta tenga lugar, es necesario que ambos organismos estén dispuestos a aceptarla. Claro está, que ninguno está pensando en la cópula sino en el placer que implica la relación sexual. Y este es un aspecto muy interesante, porque se ha dicho que todos los animales copulan para reproducirse, lo cual es cierto. Pero la pregunta es ¿por qué copulan los animales? La respuesta es porque la cópula es placentera. Los seres humanos, que antropomorfisamos todo (les inferimos comportamientos y pensamientos humanos a los animales), aceptamos que solo los chimpancés, los delfines y quizá unas pocas especies más copulan por placer. En realidad, lo que hay que hacer no es antropomorfizar a los animales para comprender este aspecto de la vida, sino, al contrario, animalizar al ser humano para comprenderlo. Nuestra naturaleza es eminentemente animal y si nosotros copulamos por puro placer, no hay razón para pensar que los demás animales no lo hagan por placer. Algunos machos, como los de la mantis religiosa, están dispuestos a perder la cabeza por una cópula. ¿A quién le importa la descendencia? Claro que después de la cópula y una vez ocurrida la fecundación, la Naturaleza ha provisto a las diferentes especies para enfrentar el proceso de preparación para el nacimiento y la crianza de descendencia. Pero para que esto ocurra, deben existir ciertos comportamientos. Comportamiento pre copulatorio. En muchas especies los comportamientos pre copulatorios son muy evidentes, mientras que en otras no lo son. En algunas especies de aves, como las aves del paraíso, no solamente tienen cantos sumamente elaborados, sino que también los complementan con danzas y hasta con la construcción de jardines. Es la hembra la que escoge al macho y el embeleso que este la causa es el atenuante para permitir la cópula. Tanto en aves como en mamíferos, e incluso en insectos, los machos deben superar enfrentamientos con otros machos para acceder a las hembras. En el caso de la especie humana ese comportamiento pre copulatorio implica el dar regalos, incluyendo chocolates, flores, etc., así como cierto cuidado personal y de comunicación verbal y no verbal, de tal manera que le indiquen a la pareja de interés, su afectividad y sumisión para aceptar la cópula. Comportamiento copulatorio. Ya hemos dicho que la cópula implica un alto grado de violencia física. En las aves, por ejemplo, el macho se sube sobre la hembra a la vez que materializa la penetración del hemipene y picotea el cuello de la hembra. El peso y los movimientos del macho implican incomodidad para la hembra, para que ella acepta de buena gana, pues ese acto también le resulta placentero. Si no existiera esa dosis de placer la cópula no tendría sentido, pues se convertiría en un acto puramente mecánico. En el caso de la especie humana, cerca del 99% de las cópulas se realizan por puro placer, no como un acto para la procreación, de tal suerte que la mayoría de las personas que caminamos por este mundo, somos el resultado del placer y no de una cópula meditada para la procreación. Y así es para el resto de las especies animales, todos vivimos gracias a un acto de placer sexual. También en la especie humana, la cópula resulta particularmente violenta, pues la mayoría de las veces se hace con movimientos violentos acompañados de sudor y quejidos. Durante la cópula, por tratarse de uno de los aspectos básicos de la supervivencia, corresponde al instinto de la reproducción, razón por la cual, durante el acto copulatorio a nivel cerebral, gran cantidad de sangre migra de la corteza prefrontal, que es la que permite el pensamiento consiente, hacia el sistema límbico y el tallo cerebral, con lo cual limitamos nuestra capacidad de análisis sobre el resultado y las consecuencias de ese acto. Afortunadamente, la medicina ha desarrollado métodos para favorecer el “aislamiento reproductivo”, tanto con el uso de barreras físicas, como el condón y la T de cobre, así como mediante métodos químicos, con el uso de fármacos, o métodos quirúrgicos como la vasectomía (intervención quirúrgica en la que se extirpa el conducto deferente de los órganos sexuales masculinos) o la salpingectomía (extirpación de las trompas de Falopio en la mujer), en ambos casos la intención es la esterilización. Comportamiento pos copulatorio. Los comportamientos pos copulatorios son, con frecuencia, muy sencillos, pues una vez ocurrida la cópula lo que queda para el macho es la retracción de su órgano intromitente, pues todos los niveles hormonales, así como la respiración y la circulación sanguínea comienzan a bajar a los niveles normales. Para la mayoría de las especies, la Naturaleza ha provisto de periodos específicos, a lo largo del año, para estimular la copulación. Normalmente, este periodo está relacionado con la abundancia de alimentos para el cuidado de las crías. Sin embargo, la especie humana no tiene un periodo de celo, como si lo tienen la mayoría de los mamíferos y estamos dispuestos a copular durante todo el año y a cualquier hora del día, y como no es un proceso planificado, con alguna frecuencia, las cópulas resultan en fecundación y después de la fecundación el desarrollo embrionario y la génesis de un nuevo ser humano. Una vez iniciado el desarrollo embrionario, salvo contadas excepciones, la Naturaleza continúa su curso hasta el nacimiento del mismo. En algunos casos, como el de la mariposa, con una especie de segundo nacimiento. Para la especie humana no existe ninguna previsión natural, salvo que por razones específicas el embrión se malogre, interrumpa su desarrollo lo que implica su muerte. Es así como una madre embarazada, por un susto, un trauma o una enfermedad se ve obligada a abortar. Dado que la mayor diversión del ser humano está en la parte sexual y a la actualización de la legislación de muchos países para favorecer el aborto, bien cabe plantearse la necesidad de que las personas, haciendo uso de su libre albedrío, decidan por una técnica que corresponda con el aislamiento reproductivo precopulatorio, para no embarazarse, ni embarazar, como lo es hacerse la salpingectomía (mujeres) o la vasectomía (hombres). Esto los libera de la encrucijada de decidir por el aborto. Para disfrutar del mejor parque de diversiones natural Por Hámer Salazar, biólogo. info@hamersalazar.com Los machos que se creen machos y que no quieren la responsabilidad de ser padres, que se abstengan del sexo opuesto o que se practiquen la vasectomía. Los machos que son machos, pero se creen hembras, que se abstengan del sexto opuesto o que se practiquen la vasectomía, porque no pueden ser madres de sus propios hijos. Las hembras que se creen hembras y que no quieren la responsabilidad de ser madres, que se abstengan del sexo opuesto o que se practiquen la salpingectomía. Las hembras que son hembras, pero se creen machos, Que se abstengan del sexto opuesto o que se practiquen la salpingectomía, porque no pueden ser padres de sus propios hijos como hembras. La mutilación de los órganos reproductores debe ser una decisión personal. El quitar la vida de otro ser humano es asesinato. Nota. Los conceptos de hembra y machos son puramente biológicos. Los conceptos de hombre y mujer son construcciones sociales.

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