El telégrafo Lo más moderno en comunicación (1877)

La evolución de los medios de comunicación ha sido como de fantasía. Primero fue la palabra, cuando los mensajes se pasaban de boca en boca, o mejor dicho de boca a oído. Luego fueron los mensajes escritos en piedra, arcilla, madera, cueros, jícaras, vasijas, etc.; pero también aparecieron las señales de humo, los mensajes a través de instrumentos de percusión, como troncos o tambores. Luego apareció el papiro y se intensificó la escritura, tanto para mensajes cortos como para la escritura de libros, tratados y afines. Más tarde, apareció el telégrafo, el cual, mediante impulsos eléctricos, el telegrafista los traducía a una serie de símbolos conocidos y descifraba el mensaje. Estas mismas reflexiones utilicé para referirme en su momento a una breve reseña de Radio 16. Pero nos vamos a detener aquí, en el telégrafo. En Grecia siempre quisimos tener todos los medios de comunicación posibles. Es por eso que hoy hay medios escritos, una emisora de radio y una estación de televisión, así como docenas de personas que se dedican a la comunicación a través de las redes sociales y otras plataformas que permite la Internet. Para el año de 1877, los griegos queríamos tener el servicio de telégrafo, sin embargo, la obra para la instalación de los postes y del cableado era gigantesca en aquellos años, donde los caminos eran de tierra y no se había inventado los vehículos de combustión interna. De tal manera que para construir la infraestructura debían participar todos y, además, el proyecto no podía ser aislado, sino que debía responder a un plan de desarrollo de gobierno que involucraba otras comunidades. Fue así como el Supremo Gobierno, al mando de Tomás Guardia Gutiérrez Había dispuesto que era necesario llevar la línea del telégrafo a las poblaciones de Grecia y San Ramón. En aquel tiempo estos eran pueblos vecinos, pues Naranjo aún pertenecía a Grecia, y se usaba la carretera vieja. La única condición que había puesto el gobierno era que los vecinos de ambas villas colocaran los postes. Los griegos cumplieron con el compromiso sin dilaciones, e instalaron los postes hasta las comunidades donde había centros de población importantes y el último no quedaba, precisamente, en el límite con la Villa de San Ramón. Sin embargo, el proyecto se atrasó porque los ramonenses querían instalar los postes desde la raya divisoria de ambas villas. Pretendían que los griegos pusieran los postes, aun cuando no los iban a necesitar, hasta la ¨frontera¨ con San Ramón. Don Pedro Gutiérrez, editor y redactor del periódico político y de variedades “El pueblo”, en su edición del 15 de diciembre de 1877, con indignación escribe: “¡Qué mezquindad! ¡Cuando la civilización piensa en borrar líneas divisorias en el mundo, las villas de una misma provincia, se fijan en los límites y no disfrutan de los bienes que les producirá una comunicación tan rápida!” Y añadía que era deber de la autoridad política de San Ramón corregir ese mal. Afortunadamente, aquel fue solo un mal entendido que los ramonenses lograron resolver, y ambos pueblos pudieron disfrutar de la alta tecnología de comunicación de aquel momento: el telégrafo.

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