“Ser mujer ha sido el viaje de vida más impresionante”. Nutrimos la tierra de vida, somos la danza y la música. Nos transformamos en dulzura y tormenta a la misma vez. No sabemos bajar los brazos y cuando sucede, siempre existen otros brazos que nos ayudan a levantarnos. Nuestros pies siempre están listos para correr. LLevamos paz en nuestras almas y trabajo en el lugar que estemos. Poseemos un vigor impresionante, y cuando entendemos claramente quienes somos, extendemos las alas y emprendemos vuelos. Nada ni nadie nos detiene. Si tenemos que empuñar armas no nos tiembla el pulso. Defendemos como huracán los derechos hoy más que nunca en la historia de la humanidad. No sabemos rendirnos. Como dicen las mexicanas: pendejas no somos. Tenemos miradas de futuros llenos de proyectos de vida, y todos son diferentes como las estrellas del cielo. Nuestras manos son duras como rocas y suaves como algodón. Los ojos de las mujeres son profundos como el mar. Nuestras miradas penetran las almas y llenan de amor todo. De nuestras bocas, solo sale esperanza, justicia, honor, paz, quietud, guerra de la buena, batallas de equidad y emprendimiento. Cuando la mujer tiene la convicción plena de quien es, y posee sus entrañas llenas de empoderamiento, hombre o mujer deben tomar uno de dos rumbos: o seguirla o dejarle. Los brazos de las mujeres son los refugios que Dios dejo en esta tierra, para entender cuanto amor existe y cuanto dolor se sufre. No se puede menospreciar nunca los ímpetus de las mujeres, porque aunque deba hacer el mismo recorrido cien veces, jamás se dará por vencida. Gracias Dios por crearme mujer, gracias porque lo puedo celebrar de la mano de muchas otras más. Conmemoramos ser mujer de miles de batallas, conmemoramos los millones de lágrimas dejadas en el camino de la historia, conmemoramos el coraje que hizo levantarse a elevar sus voces aunque eso significo la muerte. Conmemoramos que no se detuvieron, que siempre lucharon, que siempre creyeron, que nunca se dejaron vencer. La realidad es que aun hoy las luchas por los derechos de las mujeres siguen. Se lucha para erradicar la violencia en contra de la mujer, se educa para desaparecer la misoginia y vernos en un mismo nivel de igualdad y justicia. La educación es el pilar más importante, para erradicar la violencia, injusticia y desigualdad. Leer y analizar los contenidos, poder entender a cabalidad los argumentos que se plasman a la hora de hablar de derechos humanos, dar por sentado que los derechos humanos son importantes e indispensables para la sociedad actual. No podemos pensar que existen ciudadanos de segunda categoría, sino vernos en un mismo nivel todos de igualdad. La sororidad es entender que no estamos para competir unas con otras, sino entrelazarnos y acuerparnos, ayudarnos a lograr objetivos y metas, celebrar juntas los logros ajenos. Entender que quizás somos la catapulta que otras necesitan para escalar. Que siempre nos podamos ver con ojos de igualdad.

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