En honor y recuerdo de los que han partido El día de 2 noviembre diferentes iglesias alrededor del mundo conmemoran el día de los Fieles Difuntos. La celebración tiene como principal objetivo el rezar y asistir a los oficios religiosos para ayudar a aquellas almas que quedaron con pecados veniales al terminar sus vidas. En nuestro país en el cementerio o campo santo, se celebran oficios religiosos en ese día. Familiares y personas cercanas llevan flores para adornar la última morada de ese ser querido, se hace una oración frente a su tumba, probablemente se le dice cuanto lo extrañan, las cosas buenas y malas que han pasado y hasta que intercedan por ellos o por un pariente; también se conversa con otros asistentes de historias de sus antepasados y de los últimos acontecimientos de familiares y amigos. En lo personal, siempre me ha atraído la celebración, pienso que es una forma de recordar y honrar a sus seres queridos y, cómo no hacerlo, una madre, un padre, hermanos, hermanas, un amigo o amiga dejan un vacío en la tierra que nadie puede ocupar. Si ya no están con nosotros aquellos en quienes podíamos encontrar consuelo o confianza para contarles nuestros problemas o nos ayuden con ellos, quizá en el silencio del campo santo solo por el hecho de mencionarlos, nos hará sentirnos mejor. La tradición de mis antepasados no ha sido la de conmemorar el 02 de noviembre. He aprendido de Mamá que las personas que ya no nos acompañan en esta vida van siempre con nosotros en nuestro corazón, que nos hablan en nuestros sueños y a menudo nos recuerdan los consejos que nos dieron, supongo que para la mayoría es parecido. A mi edad ya son muchas las personas queridas que han fallecido. Con ellas tengo deudas de gratitud, de amor, amistad, de tiempo, consejos, cariño, palabras de motivación, de risas, anécdotas y aventuras, de oportunidades y trabajo. Solo una desgarradora enfermedad que nos robe la memoria podría impedir que nos conmovamos ante los recuerdos de aquellos que han fallecido. Hoy no solo quiero vivir esos recuerdos como el acto íntimo de siempre, deseo expresarlo para decirles a todas esas personas que les sobreviven, que recuerdo a su papá, a su mamá, hermano, hermana, abuelo, abuela… y de esa forma honrar su memoria y que siguen vivas en mis recuerdos y, estoy seguro, también en los de muchos más. • Asdrúbal Vega Castillo y Landelina Castro Muñoz mi bisabuelo y bisabuela, por haber cuidado a Mamá en su niñez. • Pablo Vega Castro, compañero de aventuras de Mamá y quien tuvo buenas palabras para mí, que al día de hoy todavía me hacen sentir bien. • Mariyan Nájera, excompañera de universidad, de risas, consejos y anécdotas. • Ronald Traña Calvo, un amigo, un jefe, la persona y el político más decente que haya conocido. Me dio una oportunidad de trabajo, apoyo y reconocimiento; espero un día tener la oportunidad de hacer por alguien lo bueno que hizo conmigo. • Julia Castro Muñoz, mi tía-bisabuela, me trató como un hijo. • Doña Aurea Campos, quien siempre me recibió en su casa, me aconsejó, me escuchaba, me contaba sus historias y me trató como parte de su familia. • Doña Luz Rodríguez, madre de Alicia, Jeannete, MarÍa (Nena), Elsie, todas la chicas Lobo, amigas de infancia. • Katia Galvez Aguilar, Oscar Mario Chacón Rojas, Maritza Rojas Morales, Ania Margarita Araya Quirós (recuerdo como si fuera hoy el día que se presentó con esa voz fina en primer o segundo grado de la escuela), Luis Fernando Rojas Villegas, ex-compañeros de escuela o colegio. Con los años, cada vez son menos los rostros conocidos en las calles y son más los que habitan en los cementerios. La lista es muy larga, quizás usted quiera recordar a alguien y anotar algo.

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