Desde que el Presidente de la República asumió el cargo, e inclusive antes, instó a la Asamblea Legislativa para que apruebe la propuesta de aumento de impuestos para disminuir el déficit fiscal y evitar una crisis económica, y por otra parte el Poder Ejecutivo debía proponer las medidas necesarias para reducir el gasto público. Son terriblemente impopulares los impuestos y la reducción del gasto cuando toca los salarios, por lo que nadie quiere asumir el costo político de su autoría, pero en cambio, sí quieren aparecer como los defensores de los desposeídos y además, exigiendo medidas, propuestas y resultados en el corto plazo casi imposibles de cumplir en cuanto a la evasión y elusión fiscal. Preocupa también que algunos grupos de presión quieren que el país supere la crisis sin contribuir para evitarla y sin perder nada durante el proceso. El llamado del Presidente me recordó un libro que había leído hace 30 años en la Biblioteca Pública de Grecia, que incluía las cartas que le dirigió en 1980 el entonces Presidente Lic. Rodrigo Carazo Odio a la Asamblea Legislativa, solicitándole el aumento de impuestos y otras medidas para evitar la crisis. En el contexto en que nos encontramos me parece que estamos reviviendo una historia con un final trágico para varias generaciones y que aún al día de hoy muchos están sufriendo las consecuencias. Reproduzco completa la nota dirigida al Presidente del Congreso, Dr. Rafael Alberto Grillo Rivera el 27 de mayo de 1980. “Señor Dr. Rafael Alberto Grillo Rivera, Presidente de la Asamblea Legislativa S.M. Estimado señor Presidente: Discúlpeme usted, señor Presidente, por volver una vez más a solicitar su comprensión y ayuda en relación a los nuevos ingresos que el Gobierno ha sometido a la consideración de esa Asamblea Legislativa. Se trata, sin embargo, de un asunto al que mi Administración otorga una alta prioridad, no tan solo en la forma de resolverlo, sino también en el tiempo en que lo podamos lograr. En relación a la forma de obtener estos nuevos tributos, nos parece que, y muy especialmente, por la situación mundial, se deben distribuir los nuevos impuestos de tal manera que los sectores productivos no se vean afectados. Ni aún en circunstancias difíciles podemos perder la perspectiva de que el verdadero reto que enfrentamos en materia fiscal sólo lo podremos resolver en su totalidad a través de un aumento en nuestra producción. En este sentido, los criterios impositivos que se señalarán en el Acta de la Comisión Especial de Salarios y que transcribiera a usted en mi anterior carga, son totalmente compartidos por mi Gobierno. Si bien hemos intentado reflejar estos lineamientos en nuestra proposición para nuevos tributos, consideramos con agrado propuestas alternativas de esa Asamblea. Nada puede estar más lejos del ánimo de mi Gobierno que intentar presiones sobre la Asamblea Legislativa, ni en ésta, ni en ninguna otra materia de su competencia. Pero no puedo sin embargo, aún a riesgo de ser mal entendido, dejar de advertir los peligros que se derivan para el país si no actuamos oportunamente. En 1978 cuando recibimos el Gobierno, existía un informe del Fondo Monetario Internacional, en el cual no tan sólo se recomendaba un programa de estabilización inmediata, que por cierto exigía sacrificios, sino que también se hablaba de una devaluación del colón frente al dólar como una necesidad inminente e imposible de postergar más allá de 1979. Un deber patriótico nos obligó a callar esa información. El haberla divulgado habría sin duda, generado fuga de capitales e incertidumbre general en la economía. No me importó que dijeran algunos que no senté responsabilidades, el triunfo pírrico de haberlo hecho habría dañado seriamente a Costa Rica. Asumimos la responsabilidad de rectificar la situación heredada silenciando las condiciones adversas. Nadie puede desconocer como también se sumaron con fuerza a estas condiciones negativas, los aumentos en los precios de los hidrocarburos, la inflación internacional y la baja en los precios del café.
Hoy sin embargo, la confianza ha retornado a nuestra economía y hemos firmado un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, según el cual la paridad del colón está a salvo. Si hemos podido defender el tipo de cambio del colón, es porque no queremos los efectos negativos que se produciría con la devaluación de nuestra moneda, principalmente los inflacionarios, que perjudicarían severamente a grandes sectores del país, en especial a los de más bajos recursos, afectando la paz social. Esto no significa sin embargo, , que la situación pueda ser superada y alcanzarse así una estabilidad más permanente en nuestra economía sin que seamos capaces de hacer esfuerzos adicionales. Los esfuerzos adicionales son necesarios y urgentes. El Gobierno así lo ha señalado en reiteradas ocasiones. Cuando los recursos adicionales le fueron negados, debimos acudir al expediente de obtener ingresos sanos por la vía del decreto ejecutivo. Asumí así, plenamente, mi responsabilidad de gobernante. Hemos señalado también que por la magnitud del problema no es conveniente seguir enfrentando la situación por esta vía. El mundo actual exige más que nunca, por la celeridad de los cambios que se producen en él, no tan sólo capacidad para tomar decisiones adecuadas, sino también el valor de tomarlas de manera rápida y oportuna. La mejor solución, pero producida a destiempo, será, en los días que vivimos, totalmente estéril. Sería por tanto irresponsable de mi parte, callar las consecuencias más posibles que se derivarán para el país, si no adecuamos el ritmo de nuestras acciones a las urgencias de la época. He hablado por ello, de posibles paralizaciones de obras y de posibles despidos. No puedo ocultar tampoco las amenazas crecientes a la paridad del colón, con todos los resultados negativos que ello tendría, si actuamos extemporáneamente. Ustedes tienen, en sus manos, la suerte de Costa Rica, no la tiren por la borda. Nada de esto queremos que suceda y estamos convencidos que nuestro deber es evitarlo y que está en nuestras manos como responsabilidad compartida entre el Ejecutivo y la Asamblea Legislativa, el que podamos lograrlo. Deseamos señor Presidente por su intermedio, invitar a los señores Diputados para que protejamos a Costa Rica de males mayores. Tengo plena fe que la Asamblea Legislativa habrá de asumir el liderazgo que le corresponde en estos asuntos y por ello no dudé en dirigirme nuevamente a usted para solicitar su colaboración en materia y momento tan importante para el país. De usted con toda consideración y aprecio, Rodrigo Carazo Odio.” Lo que pasó después fue sufrido por muchos. La inflación en 1980 fue de 18%, en 1981 de 65% y en 1982 de 82%. Varias generaciones no terminaron la escuela y el colegio para trabajar y así contribuir a satisfacer las necesidades básicas de sus familias afectando negativamente el resto de sus vidas. Los políticos y los líderes de la época no se pusieron de acuerdo y no hicieron un buen trabajo creando una catástrofe. El tiempo ha mostrando mejor lo que en realidad pasó y los responsables. La forma de hacer política se basaba, como hasta hoy en día, en impedir que el Poder Ejecutivo haga un buen gobierno y mostrarse como quién evitó sus peores decisiones para cosechar los réditos en la próxima elección. Los últimos procesos electorales han mostrado una caída en la credibilidad en los partidos políticos y en los políticos. La elección de Carlos Alvarado para Presidente fue un acto de fe y a menudo las personas la pierden, y la depositada en los políticos, a una velocidad mayor. No hay actos aislados, creo en las causas y consecuencias por lo que, debe preocupar mucho lo que se está haciendo ahora. Si las decisiones no son las adecuadas, les pasarán la factura y las consecuencias serán mayores. Todos debemos preocuparnos y hacer lo mejor para superar el déficit fiscal y me refiero a la clase política, los sindicatos, empresarios, porque de lo contrario la pasaremos muy mal.

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