Hace 25 años, en diciembre de 1993, entró en vigor el Convenio sobre la Diversidad Biológica. Fue la concreción de un proyecto de desarrollo sostenible que al mundo le había llevado décadas conseguir. Desde 1993, las Partes en el Convenio han adoptado medidas para conservar la diversidad biológica, utilizarla de manera sostenible y compartir de forma equitativa los beneficios derivados del uso de recursos genéticos. Han creado asociaciones con la sociedad civil, las empresas, los pueblos indígenas y comunidades locales y otros actores. Esto ha marcado una diferencia, ya que la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas están en el centro de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Además, el Acuerdo de París sobre el clima contempla la diversidad biológica, y el Foro Económico Mundial reconoce que la pérdida de diversidad biológica es un riesgo crítico. A su vez, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ha organizado un trabajo focal sobre la Diversidad Biológica. París se ha declarado capital de la diversidad biológica, y en todo el mundo, los países, los gobiernos locales y la sociedad civil están intensificando sus acciones para salvaguardar la diversidad biológica. Pero, por otra parte, la diversidad biológica continúa disminuyendo en todas las regiones del mundo a un ritmo alarmante. Esta pérdida de la naturaleza agrava otros desafíos globales como el cambio climático, la seguridad hídrica, la seguridad alimentaria y la salud pública, y puede conducir potencialmente a resultados catastróficos para la existencia humana en este planeta. Por lo tanto, es imprescindible hacer todo lo que esté a nuestro alcance para detener la destrucción de la naturaleza. Nos quedan dos años para redoblar nuestros esfuerzos a fin de aplicar el Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020 y avanzar en el logro de las metas mundiales para la diversidad biológica, conocidas como las Metas de Aichi para la Diversidad Biológica. Las naciones tienen dos años para diseñar un nuevo acuerdo para la naturaleza que irá desde 2020 hasta mediados de este siglo, y nos ayudará a lograr la visión colectiva de vivir en armonía con la naturaleza para 2050. No tenemos mucho tiempo. Sin embargo, hay que trabajar juntos, de manera colaborativa para cambiar la manera en que se hace uso de la naturaleza y la diversidad biológica. De hecho, necesitamos un enfoque transformador y sistémico que permita a los gobiernos, las empresas, los pueblos indígenas y las comunidades locales y los individuos promover un cambio de paradigma en la forma en que interactuamos con la naturaleza y la diversidad biológica. Dejemos que la innovación y la creatividad inspiren nuestras soluciones e ideas prácticas para salvaguardar la vida en la Tierra. Aprovechemos la energía de las ideas a fin de generar las condiciones para que los seres humanos prosperen y se desarrollen en armonía con la naturaleza para el año 2050. Demos con valentía los primeros pasos de los próximos 25 años de historia para hacer realidad este sueño.

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